37. Quiero el divorcio
Elizabeth miró la pequeña llave entre sus dedos, nerviosa a más no poder. No sabía lo que iba a suceder después de esa noche, pero ya ansiaba descubrirlo.
Amaba a Leonas, y el hecho de que él la siguiera amando a ella despertó algo en que corazón que creía se había quedado en el pasado.
— Señora, ya llegamos — le avisó el chofer, al detenerse a los pies de propiedad.
Ella miró por la ventana. Era casa con un jardín grande y precioso.
— ¿Estás seguro de que es aquí? — preguntó, extrañada. No