La puerta de la suite se cerró y ni siquiera tuvo tiempo de dar un paso antes de que Alejandro la empujara contra la pared con urgencia.
El impacto fue absorbido por el hambre en los ojos grises del hombre, por la forma en que su cuerpo la cubría por completo, como un depredador que ya no aguantaba un segundo más para poder comerse a su débil presa.
Ella era esa presa. La presa que solo alcanzó a cerrar los ojos mientras sentía cómo sus labios se estrellaban contra los suyos en un beso voraz, d