Dejó al niño en la habitación de su madre con su hermanita, mientras entraba en la oficina de Alejandro.
Hacía más de cuatro años que no pisaba ese sitio, pero debía reconocer que no había cambiado en nada. Estaba igual: sin ningún tipo de decoración, sin nada que dijera “esto es mío”.
Paredes blancas adornadas con títulos enmarcados, un escritorio de madera, una biblioteca repleta de libros de medicina... Recordaba una vez haber organizado algunos de esos libros.
—¿Qué es lo que quieres? —preg