Diana no sabía qué hacer con su vida ahora que era, finalmente, libre. Para empezar, ese no era su país. Estaba embarazada y no sabía qué hacer con las secuelas de una vida que parecía perseguirla en las sombras.
No dejaba de mirar por encima de su hombro, temiendo que alguien viniera un día a decirle que debía regresar al burdel donde la entregaron para pagar una deuda que no le correspondía.
Pero eso no sucedería, ¿verdad? Nadie la conocía en ese lugar y podía permitirse el hecho de tener un