—Este muchacho va a terminar matándome de un infarto —se quejó Hortensia con su esposo, apenas este cruzó la puerta de entrada de la casa—. ¡No vas a poder creer lo que hizo esta vez! ¡Es inaceptable!
El hombre suspiró con cansancio, como si ya nada referente a Alejandro pudiera sorprenderle. La verdad era que tener un hijo rebelde le había agotado la energía hacía muchos años. Con Alejandro no funcionaban las advertencias, ni las amenazas, y mucho menos los chantajes; él siempre hacía lo que q