—Selene —advirtió Marcos con dureza cuando ella se quedó en silencio por más de un minuto entero.
Negó lentamente, con lágrimas en los ojos. No quería hablar de eso; de verdad que no quería.
—¿Te lo hizo ese hombre? —asumió él, haciendo que su rostro se transformara en uno más frío e irreconocible. Pocas veces lo había visto tan molesto—. ¿Se atrevió a ponerte una mano encima, ese infeliz?
—¡No! —dijo rápido, sabiendo que no era bueno que él estuviera sacando ese tipo de conclusiones.
—¿Entonce