El Volkswagen de Marcos se estacionó en la entrada del hospital.
—Espera, ya te ayudo a bajar —indicó el hombre, abriendo su puerta y saliendo rápidamente para abrir la suya.
Con delicadeza, puso un brazo detrás de su espalda y otro por debajo de sus piernas antes de levantarla con agilidad.
Escondió la cara en el cuello de su amigo mientras no podía dejar de llorar. Le dolía demasiado y temía por el bienestar de sus hijos.
—Todo va a estar bien —le susurró él con seguridad, y se adentró