Habían pasado dos semanas enteras en las que Isabella no se le despegó ni un segundo.
—Cariño, creo que optaré por diseñar mi propio vestido —comentó la mujer con la mirada sumergida en los catálogos de las tiendas más prestigiosas de novia—. Siento que ninguno de estos modelos es capaz de impactar tanto como quiero. ¿Tú qué opinas?
—Elige lo que te haga feliz —respondió casi por inercia, recordando cómo había tenido que hacer un esfuerzo monumental para quitársela de encima cuando se le ocurri