Su mirada se centró en el platillo frente a ella: pato glaseado con cereza y remolacha.
No lo había probado antes, así que era completamente nuevo, tan nuevo que se robó toda su atención. Porque sí, la verdad era que tenía hambre.
Tomó un tenedor y comenzó a picar la comida, saboreando la mezcla de ingredientes y deleitándose con la textura que tenían dentro de su boca.
Estaba rico.
Sí, estaba rico… o al menos hasta que sintió la primera arcada.
«¡Cielos, no!», se horrorizó, tapándose la bo