Esas palabras calaron hondo en su corazón.
¿Para eso era lo único que servía?
Su mente se desconectó por un instante mientras pensaba en las implicaciones de esa afirmación.
No, ella era más que un cuerpo bonito, más que una cara apetecible.
Sin embargo, Alejandro nunca se había detenido a mirar más allá de sus narices. Era un ciego, un ciego que solamente se había dejado llevar por lo físico.
Sintió las manos ásperas del hombre acariciando, tocando partes de su cuerpo que conocía a la perf