—¿Cómo está, señora Inés? —se acercó a la entrada de la casa, la cual quedaba una calle más abajo que la suya—. ¿Se encuentra Marcos?
—Mi niña, hacía tanto tiempo que no te veía —se alegró la anciana.
—Lo siento tanto, he estado un poco ocupada con la universidad y el trabajo —se disculpó por el hecho de ya no visitarlos tan seguido como antes. Hubo una época en su vida en la que prácticamente vivía en esa casa.
—Tranquila, tranquila, entiendo la situación —hizo un gesto con la mano, restá