—Alejandro…
Isabella entró como una exhalación en la oficina de su futuro esposo.
El hombre la miró por un breve segundo antes de regresar su atención al computador.
—Cariño —siguió la chica, caminando hasta el escritorio con gesto preocupado—, no entiendo qué sucedió, pero tu rostro está en todos los tabloides.
—Seguro son solo chismes otra vez —dijo sin darle demasiado interés.
—No exactamente. Hay un video en línea sobre una pelea en la que te ves participando.
Sus dedos se detuvieron en el