—Sí, mamá, estoy comiendo bien. Lo prometo.
—Recuerda dormir a tus horas, cariño —siguió su madre, con las mismas indicaciones de siempre—. No es bueno para la salud trasnocharse.
—Ajá, sí… ¡Oh, sí! —gimió tapándose rápidamente la boca.
¡Maldito Marcos! Lo miró horrorizada.
—¿Qué pasa, Aitara? —la voz de su madre se tornó más seria.
—Nada, mamá. Debo irme. Hablamos mañana, tengo que estudiar para un examen —colgó la llamada agitada, mientras le lanzaba una patada al hombre que tenía la cabeza m