El aire dentro del auto es tan denso, que podría cortarse con un cuchillo. No hay palabras entre los dos desde que entramos al auto y partimos del castillo. Solo nos ha acompañado, durante todo el camino, el sonido leve y constate del motor, junto al ruido del tráfico que apenas se filtra por los cristales blindados y polarizados.
Maximilian ha permanecido a mi lado, pero con distancia. Él está sentado junto a la ventana derecha y yo junto a la ventana izquierda. Le ha pedido al chofer privacida