A mis órdenes se sujeta. Él. Maximilian Lóvenhart se sujeta a mí. A la chica que le aseguró en más de una ocasión que no era su tipo y que jamás la llevaría a la cama.
Y ahora de rodillas le dice que a sus órdenes se sujeta.
El corazón me martillea con fuerza. Estoy en un punto donde no sé si esto es real, si sus palabras son verdad y si lo que va a suceder, sucederá.
Mis manos tiemblan un poco y puedo apostar a que él logra escuchar mi corazón como si fuese un tambor descontrolado en medio del silencio.
No deja de mí mirarme, lo hace de una manera que me hace sentir expuesta… pero no vulnerable.
Maximilian me ve como si fuera algo precioso que teme quebrar.
—Cariño mío… —susurra cerca de mis labios—. Eres tan preciosa.
Eso me incendia más. Siento que me derrito desde el pecho hacia abajo.
Son solo cinco palabras. Unas simples y afectuosas que no deberían estremecerme entera, pero lo hacen. Porque ya no es “mi cielo”, ahora es eso.
Cariño. Suya. Preciosa.
«¿Qué más oculta Maxi