La tensión se podía cortar con un cuchillo mientras los segundos pasaban en un silencio sofocante.
—Giovanni —llamó Corleone, con la voz firme.
Pasaron unos segundos más antes de que finalmente Giovanni soltara a Bernardo y diera un paso atrás.
Bernardo se acomodó la camiseta con tranquilidad.
—Una decisión inteligente —dijo él con tono despectivo, dedicándole una sonrisa ladina a Giovanni antes de volver la mirada a Corleone—. Ahora, ¿dónde estábamos? Ah, cierto… es tu turno de jugar.
Corleone