El padre de Corleone extendió una mano con calma en dirección al asiento que estaba frente a él. Podía lucir tranquilo, pero Corleone notó que estaba algo lívido.
—Toma asiento.
Corleone no discutió. Se sentó, con la espalda recta y el rostro impenetrable.
—Supongo que si estás aquí pidiendo información sobre ese caso es porque sabes algo —dijo su padre—. ¿Cómo fue que te enteraste?
Corleone no se molestó en responder la pregunta. Era irrelevante.
Al menos no había seguido con la farsa, fingien