Corleone abrió los ojos y parpadeó, desorientado. Durante un instante, el mundo a su alrededor fue solo sombras y silencio. La oscuridad lo envolvía casi por completo, apenas rota por una tenue luz que llegaba desde atrás. Luego, el sonido rítmico de las olas rompiendo en la distancia le devolvió claridad.
Bajó la mirada y una sonrisa, inevitable, se dibujó en su rostro al ver a Caterine profundamente dormida. Su respiración era pausada, tranquila, y su cuerpo cálido descansaba sobre él con una