Caterine levantó la mirada justo en el momento en que Corleone entraba a la oficina. Venía regresando de un juicio, con esa expresión seria e impenetrable que siempre llevaba en la sala. Era difícil adivinar el resultado solo con verlo, pero eso no fue lo que hizo que su estómago se encogiera. Lo que realmente la inquietó fue que él ni siquiera la miró.
Intentó no darle demasiada importancia. Sabía que, en el trabajo, debían mantener la profesionalidad, pero algo había cambiado, y no lograba en