Corleone miró hacia la puerta. Lo último que había querido era dejar a Caterine a solas con su madre, pero su padre le había pedido que lo acompañara a su despacho para hablar. Había considerado negarse, pero Caterine le había asegurado que estaría bien.
Después de verla desenvolverse con tanta naturalidad durante el almuerzo, no dudaba de que podía manejar la situación. Sin embargo, eso no hacía que le preocupara menos que su madre intentara intimidarla.
—Debo admitir que ella me sorprendió —c