En cuanto Greta se recuperó de su orgasmo, Gino salió de la piscina y la llevó de regreso a la tumbona. Se acomodó primero y luego la recostó sobre su pecho. Quería tenerla tan cerca como fuera posible, sentirla contra él.
—¿Y qué hay de ti? —preguntó ella, al sentir la suave presión de su excitación rozar una de sus piernas.
Sin pensarlo, Greta empezó a deslizar una mano por su vientre, dirigiéndola hacia su entrepierna.
—Yo podría ayudarte con eso —murmuró, con un tono de complicidad.
Pero él