Gino abrió la puerta de la oficina de Greta y asomó la cabeza con una sonrisa en el rostro. Ella estaba completamente absorta en la pantalla de su computadora y no se percató de su presencia. Aprovechó esos segundos para observarla. Había algo fascinante en verla trabajar. La forma en que fruncía el ceño le parecía adorable, al igual que la sonrisa que se formaba en su rostro cada vez que algo parecía ir conforme lo deseaba.
Como si hubiera sentido su mirada, Greta levantó la vista y, al ve