Corleone empezaba a ponerse nervioso, una sensación poco habitual para él. Estaba acostumbrado a lidiar con todo tipo de personas en los juzgados y mantenerse tranquilo, pero desde que Caterine irrumpió en su organizada y práctica vida, había empezado a actuar diferente.
Habían pasado unos quince minutos desde que la dejaron a ella y a Rosa dentro del departamento, y ninguna había salido aún. La posibilidad de que algo le sucediera a Caterine lo inquietaba más de lo que estaba dispuesto a admiti