—Estás muy callada —comentó Angelo.
Caterine apartó la vista de la ventana y lo miró.
—Solo estoy agotada —respondió. Estiró los brazos y fingió un bostezo para dar más credibilidad a sus palabras.
—¿Pasó algo entre tú y el juez? —preguntó Angelo, obviamente sin tragarse su mentira.
—¿Quién? ¿Corleone? No. ¿Por qué lo preguntas? —respondió demasiado rápido, mientras el recuerdo del beso que habían compartido le cruzaba la mente.
El remordimiento no la había abandonado desde entonces, al punto de