—Gracias, Sharon. Sabe Dios que tu amistad ha sido un regalo inapreciable. Has hecho mi vida más fácil y me animaste en momentos de tristeza y fracaso— Regina apretó su mano.
—Lo mismo digo. Es lo que somos, amigas para siempre.
—Sí, lo somos. Soy tan feliz. Hace unos meses mi vida era oscura, llena de trabajo y preocupaciones. La enfermedad de mi pobre tía, la imposibilidad de mi hermana de estudiar lo que deseaba. Y en poco tiempo eso cambió. Como si un huracán hubiera arrasado con todo. Pero