—¡Voy a follarte la boca mientras tu vagina vibra como poseído! —le dijo, tomando su nuca para aplicar suave presión y no dejarla ir—. ¿Me dejarás correrme en tu boca?
El suave gesto con el que ella asintió, su boca llena sin poder emitir sonido, hizo que el ritmo de los embates creciera, como si el permiso lo hubiera enloquecido. Regina lo tomó, acomodándose, sintiendo su desesperación, que era también la suya. El gruñido de Milo fue el aviso de que se corría y su semen brotó caliente. Lo trag