Cuando su cuerpo se calmó, la elevó entre sus brazos, con premura, colocándola sobre su hombro y avanzando para abrir la puerta que conducía al dormitorio. Allí, la dejó caer sin ceremonias sobre el colchón, en el que rebotó, asombrada por la exposición cruda de hombre de las cavernas de Milo.
Sin dejar de mirarla se quitó los pantalones y el bóxer con rapidez, dejando a la vista su miembro duro y grueso, excitado entre sus largas y musculosas piernas separadas, en una de las cuales apreció un