REGINA
El automóvil los condujo a un estacionamiento subterráneo, desde el que el ascensor privado los llevó a las oficinas de Milo. Él no dejó de abrazarla y acariciarla, besándola con pasión durante todo el breve trayecto. Ya en el interior, la condujo con suavidad al sillón en el que la tarde anterior habían hablado con mucha más formalidad. Parecía que hacía más tiempo de eso, Regina sentía que habían pasado mucho más de veinticuatro horas.
Aquí estaba, pegada al cuerpo de Milo, cuyos dedos