Yo decido.
—Todo esto me confunde Leóncio.—Mordisqueo su labio inferior.—¿Qué pasará conmigo si la llegas a encontrar a tu destinada?.
—No pienses en eso. Déjate querer Sol.—Introdujo la lengua en su boca. Dejo que se dejarán consumir por el ritmo que la hacía arder, no solo de sus lenguas, también sus poros exudaban un olor erógeno. —Sube un poco más y abre más las piernas.—Una orden sexual. La acato al instante.
La frondosa punta de Leóncio palpo su entrada, fue entrando en su coño despacio, el be