El extraño círculo.
Él, le tapó la boca, siguió entrando y saliendo de su coño, ahora humedecido por su cremoso fluido. Hasta que por fin la libero.
—Vístete rápido. —Le hizo caso y se puso el hábito, sus bragas fueron lo último. Mientras lo hacía no dejaba de ver su enorme tronco, con venas marcadas, se volvió a saborear.
¡Toc, toc!. Tocó nuevamente, con mayor hiperactividad.
—¡Abre la puerta de una buena vez, niña inútil!.—Maldita, así catalogaba a la mujer que los interrumpió.
Leóncio fue más inteligen