Lo que vimos no fue solo un cuerpo cayendo ni un gesto aislado de violencia, fue la confirmación brutal de que todo había dejado de ser una amenaza contenida para convertirse en una ejecución en tiempo real, precisa, dirigida, irreversible, y durante un instante que se sintió más largo de lo que debía, el mundo a mi alrededor perdió definición, como si mi mente intentara rechazar lo evidente mientras mi cuerpo ya reaccionaba, ya entendía, ya se preparaba para algo que no tenía forma de evitar.