No llegó como violencia visible ni como una ruptura frontal del entorno, sino como una reducción progresiva del margen en el que podíamos seguir existiendo sin ser inmediatamente reinterpretados, una contracción silenciosa que no empujaba desde fuera, sino que comenzaba a cerrar cada posibilidad desde dentro, como si el sistema hubiera dejado de intentar comprendernos para pasar a algo más definitivo: simplificarnos hasta volvernos irrelevantes dentro de su propia continuidad. El aire no se vol