La tensión no explotó de inmediato, se quedó ahí, sostenida entre nosotros como una cuerda demasiado tensa que todavía no se rompe pero que ya no puede aflojarse sin consecuencias, y en ese equilibrio imposible cada respiración pesaba más, cada latido parecía empujar un poco más hacia ese punto donde sostenernos dejaría de ser un acto de amor para convertirse en una forma lenta de caída. No aparté la mirada, no aflojé el agarre de su mano, pero dentro de mí algo ya estaba cambiando, algo que no