No hubo advertencia, no hubo transición clara entre lo que éramos y lo que estábamos a punto de ser, solo ese instante suspendido en el que algo dentro de mí terminó de ceder y todo lo que había estado conteniendo dejó de tener sentido, como si resistir hubiera sido una ilusión cómoda que ya no podía sostenerse frente a la intensidad de lo que sentíamos, y aun así no me aparté, no retrocedí, no intenté reconstruir la distancia que nos habría protegido, porque incluso en medio de ese vértigo cre