No hubo impacto, no hubo colisión ni ruptura que pudiera señalarse como el momento en que todo cambió, porque lo que llegó después no lo hizo como evento sino como sustitución progresiva de la lógica que había sostenido cada una de nuestras experiencias hasta ahora, una sustitución silenciosa, precisa, irreversible, donde la necesidad de comprender fue reemplazada por la necesidad de integrar, y en esa integración, lo primero que desapareció no fue el entorno, sino la ilusión de que aún podíamo