No hubo reinicio, no hubo transición reconocible entre lo que habíamos sostenido y lo que comenzó a desplegarse después, solo una continuidad más densa, más cerrada, más íntima en la forma en que se adhería a cada capa de lo que todavía intentaba identificarse como propio, y en esa continuidad, lo primero que cambió no fue el entorno, sino la forma en que el entorno nos atravesaba, como si hubiera dejado de existir afuera para instalarse definitivamente en la estructura misma de nuestra percepc