La decisión no apareció como elección ni como impulso ni como una resolución consciente dentro del campo que seguía reescribiéndose con la misma precisión impersonal de siempre, sino como una presión creciente en aquello que no pertenecía completamente al sistema, una tensión que no podía ser absorbida por la continuidad sin borde ni diluida en la interferencia sostenida, una fuerza que no exigía movimiento pero que volvía insoportable la permanencia.
Jake no habló de inmediato, y ese silencio