La tercera presencia no irrumpió ni emergió ni se manifestó como lo habían hecho todas las anomalías anteriores dentro del sistema, porque no alteró la densidad, no deformó la interferencia, no desplazó la disonancia, y sin embargo su existencia era innegable, una certeza silenciosa que no dependía de percepción ni de interacción ni de observación para sostenerse, como si hubiera estado ahí desde antes de que el campo necesitara definirse como tal.
Jake no se movió, pero sentí cómo algo en él s