A veces la verdad es un arma más filosa que cualquier mentira.
La transformación en el rostro de Damián fue instantánea y aterradora. Un segundo antes había estado satisfecho, relajado de una manera que Eva nunca le había visto, con las sábanas de seda apenas cubriéndole la cintura mientras estudiaba la foto en el teléfono que ella le había pasado. Al siguiente segundo, cada músculo de su cuerpo se había tensado como un resorte a punto de romperse, y sus ojos se habían vuelto duros como obsidiana.
—Esto es exactamente lo que quería que viera —dijo finalmente, su voz tan controlada que el esfuerzo que le costaba mantener la calma era palpable.
Eva se incorporó, cubriendo su desnudez con la sábana mientras observaba cómo Damián se levantaba de la cama con movimientos bruscos. La luz de la luna que entraba por las ventanas enormes bañaba su cuerpo desnudo en un resplandor plateado, acentuando cada línea de músculo tenso, cada sombra de furia contenida.
—¿Sofía está embarazada de Sebastiá