A veces la verdad es un arma más filosa que cualquier mentira.
La transformación en el rostro de Damián fue instantánea y aterradora. Un segundo antes había estado satisfecho, relajado de una manera que Eva nunca le había visto, con las sábanas de seda apenas cubriéndole la cintura mientras estudiaba la foto en el teléfono que ella le había pasado. Al siguiente segundo, cada músculo de su cuerpo se había tensado como un resorte a punto de romperse, y sus ojos se habían vuelto duros como obsidia