Los regalos más caros son los que vienen con cadenas invisibles.
El trayecto de regreso al penthouse fue un silencio tenso que se extendía entre Eva y Damián como un campo minado. Él conducía personalmente, algo que nunca hacía, con las manos apretadas alrededor del volante con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos. Eva observaba las luces de la ciudad pasar por la ventana, procesando la bomba que Damián acababa de soltar con la casualidad de quien menciona el clima.
Sebastián había comprado el hospital. Todo el maldito hospital.
Cuando finalmente llegaron al penthouse, Damián se dirigió directamente a su estudio sin decir palabra. Eva lo siguió, negándose a ser ignorada ahora que finalmente había logrado romper algunas de sus barreras.
—Explícamelo —demandó Eva, plantándose en el umbral mientras Damián encendía su laptop con movimientos bruscos—. Explícame exactamente qué significa que Sebastián compró el hospital.
Damián tecleó furiosamente durante unos segundos ant