Los verdaderos monstruos no nacen. Se crean cuando te obligan a elegir entre dos cosas que amas.
La luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse por las ventanas de la mansión Irazábal cuando la puerta principal se abrió con un golpe que hizo eco por todo el vestíbulo. Eva levantó la vista desde su posición en el sofá, donde llevaba horas sin dormir, revisando obsesivamente su teléfono esperando alguna señal de vida de Mateo o Sofía.
Miranda entró como una tormenta contenida, vestida completam