Las decisiones imposibles son fáciles de tomar. Vivir con las consecuencias es lo que te mata.
El taxi que las trajo de regreso a Iztapalapa olía a ambientador barato y desesperación. Eva observaba por la ventanilla las calles familiares de su barrio, tan diferentes del mundo de cristal y acero donde había pasado las últimas semanas. A su lado, Miranda permanecía en silencio, con los dedos tamborileando nerviosamente sobre su bolso de diseñador que desentonaba completamente con el vecindario.
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