LA CHICA DEL VIOLÍN. CAPÍTULO 4. ¡Esa diablesa te trae loco!
Lucio abrió los ojos y no pudo evitar la sonrisa que se dibujó en su rostro. Cada recuerdo de la noche anterior lo golpeó y estuvo a punto de contar con los dedos, como un niño feliz, todas las veces que le había hecho el amor a aquella mujer.
Sin embargo el vacío a su lado en la cama lo hizo sentarse de golpe.
Había amanecido y estaba solo. A su lado en la almohada había algo inusual: el arco de un violín. Y junto a él una pequeña nota en letra cuidada y armoniosa.
"Te has ganado una llave par