CAPÍTULO 29. Unos guardias desaparecidos
Era un león en una jaula de cristal.
Entrar a aquella unidad de Cuidados Intensivos a la que habían pasado a Marianne, había sido como un balazo imaginario para Gabriel, uno doloroso y lacerante que lo destrozaba de verla allí. Se acercó a ella despacio, había tantos tubos, mangueras, sueros y aparatos a su alrededor que casi le daba miedo tocarla. Pero por más irónico que pareciera, eso era lo único que podía hacer.
—Esto aquí, mocosa… —murmuró mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. Estoy