El dolor que sentí en el momento que entró a mí, disminuyó con cada movimiento suyo hasta tornarse agradable.
No quería que terminara y deseaba con fervor que se quedara así por mucho tiempo.
Para ser sincera, me agradó más el final. Sentir aquel cálido líquido que llenaba mi interior, fue como descubrir una fruta, cuya delicia prohibida carcome tus sentidos hasta convertirte en un devoto esclavo de su sabor.
Ahora espero que sus dudas se hayan disipado como el espumoso rastro de un bergantín