Después de aquello, intentó escapar de mi lado, pero no la dejé hacerlo. Corrí tras ella y la aprisioné entre mis brazos. Aquella noche firmé mi sentencia con nuestros besos, sin saber que la ruina estaba cerca, acechando la fortaleza que había construido. Tal vez, hubiera sido mejor dejarla ir en ese momento. Ojalá pudiera devolver el tiempo para reparar mis errores, y no pecar de inocente, pero ya es muy tarde para eso.
Desde este momento, juro que vengaré cada herida que abrió en mi alma. Ha