Esa revelación fue como un certero golpe al corazón. Sentí claramente como una parte se resquebrajaba y despedazaba hasta hacerse añicos.
Estoy segura que el dolor de Prometeo no se asemeja en nada al que sentía en este momento; era como si una manada de leones, engullera mi interior hasta dejarme vacía, seca; querían asolarme, destruirme.
Justo cuando creí que la noche se ponía mejor, tuvo que decirme esto; hubiera preferido que lo guardara en secreto, elegiría mil veces ignorar lo que sucedió