- No… No –susurraba con las escazas fuerzas que le quedaban. Una hemorragia estaba a punto de arrebatarle la vida–. Mí Príncipe… ¿Por qué lastimó a Ame?
- ¿Qué? –Dije quitando el afilado metal–. A… ¿Ame? –Las lágrimas acudieron presurosas y rebasaron los límites de mis ojos–. ¿Qué dices?... No… No mientas…
- Era tu hijo… Nuestro hijo –sollozaba de dolor. Las contracciones de su tierna boca, me avisaban que el fin estaba cerca.
- ¡¿Por qué no me lo dijiste?! –Tapé su herida con mis manos. No hab