Mis manos se dirigieron al cierre de su negruzco pantalón y lo abrieron con parsimonia, disfrutando cada segundo con la idea de saber que al final podría palparlo.
Él deslizó sus brazos a mi cintura y se quedó allí sin hacer nada más que besarme; el rubor había hecho mella en nuestras mejillas.
Yo esperaba que hiciera algo más.
- Basta –musitó deteniendo mis osados dedos. Su respiración era entrecortada y profunda. Su agobiante aliento me excitaba–. Aún eres muy joven para esto.
- Vamos, ya soy