93. Baño
El aire entre nosotros era una tensión irrespirable. Su mera presencia gritaba veneno.
En ese pasillo, entre los dos baños, él se encontraba observándome con una curiosidad más que aparente. Intenté ignorarlo. No tenía nada que hablar con él. Comencé a caminar para salir del pasillo del baño cuando él caminó hacia mí. Llevó su mano a la pared, bloqueándome el paso.
—¿Me deja ir?
—¿Por qué? —mantuvo una risa divertida llena de ironía—. Solo quiero hablar.
—No quiero hablar con usted.
Sus ojos se